Marco, el siciliano de Gasteiz

Marco, a secas. No quiere decir su apellido porque, en realidad, ni lo quiere ni lo necesita. Dieciocho años en el mismo lugar, bajo el puente de la calle Rioja en Vitoria-Gasteiz le han hecho “famoso” en el barrio –más bien, en la ciudad entera–, pero pocos son los que precisan de su nombre si han de hablar de él. Son dieciocho años largos, de idas y venidas, desde los comienzos en los que, junto con otros tres amigos, vivía en una casa ocupa y tocaba en las fiestas de San Cristóbal, o en otras de modo menos oficial como Bermeo, Durango, Algorta… hasta que acabó solo, estableciendo su punto de residencia diurna en la calle Rioja. Aunque decir solo no es del todo cierto. Bajo una pila de mantas, junto a su silla y su bodegón, está Luna. Es su perra; su fiel y obediente compañía, por la que confiesa: “Es lo único por lo que tengo miedo”.

Su perra y un carrito con todas sus pertenencias, en el que guarda una cartera llena de recuerdos (un reportaje de su viaje hasta Santiago de Compostela en el que recorrió 3688 km andando; fotos de sus amigos y su juventud o reportajes viviendo ya en la calle), es todo lo que lleva consigo.

Con su carácter afable, cercano y unos modales que él mismo echa de menos en la juventud de hoy, ha trabado amistad con algunos vecinos. Estos, todos los días, se acercan a visitarle para charlar un rato con él y llevarle alguna cosa: ya sea con un termo de café caliente, comida u objetos que pueden facilitarle la vida. “El móvil que me han regalado es para llamar al médico, por si me pasa algo”, explica, después de recibir un antiguo modelo de teléfono.

Son muy buenos los recuerdos que tiene de Vitoria, especialmente aquellas noches de invierno –uno de los más duros que recuerda-, en las que el dueño de uno de los bares de la zona le permitió dormir en su local durante varios días. “Hubo una nevada muy fuerte y dormir en la calle iba a ser muy malo…”, recuerda Marco. “Lo que hizo ese hombre es un regalo impagable”, confiesa. Por periodos tan duros como ese, es posible que este sea su último año en España. El frío, la lluvia y la nieve le están pasando factura a su salud, cada vez más deteriorada. Su intención es regresar a Sicilia –donde el tiempo es más clemente-, y buscar a algún familiar o amigo, “si es que todavía están vivos”.

Esa es su intención, pero su sueño sería poder trabajar en el monte. “Si alguien me viene hoy y me dice: ¿Quieres trabajar en el monte? Cojo la mochila y me voy”, dice Marco sin dudarlo. Tener ovejas, algunas vacas y una casita con estufa, Marco no quiere nada más. “Mi futuro está en un caserío”, explica con una sonrisa.

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4 Respuestas a “Marco, el siciliano de Gasteiz

  1. Muy bueno me gusta bastante el enfoque que le das a las historias que hay detras de toda esta gente,sigue así,ya estoy esperando la siguiente sombra.

  2. !Ya estaba esperando leerlo! Creo que hacen falta más historias de éstas. Lo comparto para que llegue al mayor número posible de lectores. Ánimo y seguiré de cerca a estas sombras.

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